Aquel pueblo llamado Huaral


A pesar de que estuve aquí hace tan solo un año y medio, no disfruté tanto de Huaral, mi última visita fue rápida, esta vez puse mayor atención a esos pequeños detalles de los que nadie se da cuenta a pesar de seguir viviendo aquí, quizá sea que esté inspirado, quizá la paz y tranquilidad que le puede traer a uno el amor verdadero me haga ver las cosas de otra manera.

Ha crecido el pueblo, sus calles son más agitadas ahora, siempre con mucho polvo y es que Huaral es un pueblo netamente agrícola y está rodeado de bastos campos con una tierra tan rica que podría asemejarse a aquel paraíso donde hasta se pueden sembrar piedras para cosechar los más exquisitos frutos, el desorden es propio del crecimiento del pueblo sin una guía o visión que lo lleve por el buen camino, sin embargo aún es un pueblo estancado en el tiempo.

Hoy salí a dar una vuelta a pie, decidí caminar por el pueblo y me sorprende gratamente encontrar a la misma gente que dejé hace años, claro, los años no pasan en vano y muchos ya los cargan a cuestas, otros ya no están y han dejado un vacío irreparable al menos para los que crecimos aquí, pero me llena de felicidad ver que aún el tiempo pasado esas personas siguen siendo las mismas personas amables que conocí, caballeros y damas de aquellos que ya no se encuentran tan fácilmente.

Y es que a pesar del desorden y del polvo, Huaral mantiene aún parte de su esencia, caminar por sus calles y encontrar la esquina de Ando y tomarse allí un jugo de fruta y comerse un pye de manzana me llevó unos 20 años atrás en el tiempo, encontrar viejos amigos muchos con el cabello pincelado de plata pero con el mismo cariño de siempre no tiene precio, encontrar que aún existe la panadería Elguera con sus inigualables alfajores, darse una vuelta por embutidos Arturo Chiang y encontrar la rica salchicha china, el arroz con pato de La Estación o el pollo a la brasa del Toshimey hacen que uno piense que Huaral aún puede ser el mismo de antes.

Me da mucho alegría ver que la cortesía y caballerosidad de los huaralinos antiguos aún queda intacta, son cada vez menos pero están ahí pidiéndonos a gritos silenciosos que los que estamos fuera regresemos algún día a rescatar a ese pueblo generoso y educado que cada día va desapareciendo en el tiempo dejando el camino libre al caos y al desorden.

Pronto tocará la tarea de rescatar a ese hermoso pueblo rico en productos agrícolas pero más rico en su esencia de generosidad para con sus visitantes y con la gente que formó y que aún mantienen ese legado que nos dieron los que forjaron Huaral.

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