Con el perdón de las mantenidas


Cambiando de tema ya que hablar de política no siempre es divertido, me distraje ayer por la tarde viendo en la tele nuevas declaraciones de Marisol Aguirre, más conocida como “Marisol Agurre” o “Gorrión”.

Y es que con las disculpas del caso para aquellos, en especial aquellas que apoyan a Marisol, por hacerse respetar frente a un zorro abusivo, no comparto su reclamo por habérsele recortado la manutención que recibe de su ex, el actor Christian Meyer.

Marisol recibe 8000 dólares mensuales de parte de su ex esposo y ello es más que el sueldo de un gerente promedio en Lima, con ello nomás ya pertenece a un nivel social medio alto o alto y a ello se le suma lo que ella gana como conductora de televisión y como actriz.

Solo con la manutención sus hijos pueden seguir comiendo carne todos los días, salvo que la dieta de sus pequeños esté compuesta de sushi o caviar, seguir en sus mismos colegios y continuar asistiendo al mismo club que frecuentan.

Pudiera ser también que el móvil de la actriz no sea el dinero, sino sentimental,  una falta de olvido y rencor. El ver a su expareja en una nueva relación le nubla el criterio, la encoleriza y la obliga incluso a conseguirse nuevo machete demostrando así que su vida sentimental va viento en popa.

No creo que ir ventilando sus problemas maritales sea la mejor manera de desprestigiar a Meyer, al contrario su imagen se ha visto mas perjudicada y a fin de cuentas los más perjudicados con todo esto no  son ellos, son sus propios hijos.

Puede ser que me equivoque pero me da la impresión que a la mayoría le desagrada y no la apoya en su cruzada. Lo digo al ver los muchos comentarios que aparecen en El Comercio, versión digital, y en la página “Detesto la conchudez de Marisol Aguirre” en el Facebook.

Y lo entiendo ya que sus declaraciones huelen a insulto en un país en el que  familias enteras viven con el sueldo mínimo de 550 soles y cientos de madres abandonadas no reciben un mango de los canallas que las abandonan y pese a ello siguen adelante sin estirar la mano a nadie, solo trabajando.

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