Si yo fuera dictador


Si yo fuera dictador de seguro tendría a mis hijos aqui conmigo sin que su madre los pueda ver ó que los vea cuando me dé la gana sin importarme ni siquiera que piensan los niños ni que pueda sentir su madre, los sometería a mis mentiras y les mostraría un mundo que sólo existiría en mi perturbada y egoísta mente.

Si yo fuera dictador le habría propinado dos puntapiés a mis vecinos, me hubiese metido en sus casas y los hubiera obligado a pintarlas del color que a mi me agrada, les habría obligado también a cortar mi césped y a regar mis jardines y de seguro hubiera conminado a sus hijos a vivir encerrados para que no puedan malograr con sus diabólicos juegos el ornato de mi propiedad (léase todo el vecindario).

Si yo fuera dictador habría encarcelado a los pastores y curas de las iglesias aledañas y me habría apropiado de sus locales y de seguro habría obligado a los vecinos a escuchar mi retórica de “bienestar social”, los hubiera obligado a asistir todos los domingos “religiosamente” y les habría impuesto un diezmo obligatorio y al que no quisiera pagarlo lo encarcelaría sin mediar palabra.

Si yo fuera dictador saldría campeón todos los años mi equipo de fútbol ya que habría sometido a los arbitros y dirigentes a mi propia voluntad so pena de encarcelamiento sin razón alguna, hubiera dirigido a mis barras bravas a maltratar a cualquier oponente y les habría dado carta libre para cometer cualquier acto delincuencial con la condición de que mantengan maniatados a mis opositores.

Si yo fuera dictador modificaría las reglas y estatutos de cuanta organización exista a mi conveniencia para asegurarme así el poder y la permanencia indefinida, interpretaría a mi manera las leyes y castigaría a quienes discrepen con mi interpretación ya que sería la única valedera.

Si yo fuera dictador no dudaría en sacar del poder a quien no concuerde con mi doctrina ó a quien no me beneficie económicamente y más aún inventaría mil argucias para desprestigiarlos y hacerlos quedar mal ante todos ya que sólo así podría ganar credibilidad ante los demás, demostraría que todos son corruptos y que todos tienen un pasado turbio, así el día que alguien pretenda juzgarme no tendría ningún asidero ya que todos estamos en la misma bolsa.

Si yo fuera dictador me aprovecharía del débil y del fuerte buscaría sus debilidades para ahí martillar con mas fuerza hasta hacerlo arrodillarse ante mí, demostraría que yo soy el único capaz de hacer bien las cosas y que un cambio sólo representaría el fracaso inmediato, así tendría fundamento para mantenerme por siempre en el poder.

Si yo fuera dictador, de seguro mis hijos se darían cuenta una vez crecidos que les mentí y que los separé de su madre sólo porque me dió la gana y de seguro que no quisieran volver a verme nunca más por el daño irreparable que les pude haber hecho, es más, seguramente llevaría ese cargo de conciencia por años al darme cuenta de lo que ocasioné a niños inocentes, más aún tratándose de mis propios hijos sólo por un capricho.

Si yo fuera dictador, seguramente mis vecinos se hubieran molestado conmigo y hablarían a mis espaldas, y de seguro al caer mi dictadura ninguno me hablaría, nadie me daría la mano y ya de anciano moriría lentamente ante la indiferencia de todo aquel a quien sometí y dañé, nadie me daría una mano para arreglar mi casa y nadie me ayudaría ni siquiera a levantar el diario de la puerta.

Si yo fuera dictador, al perder poder, nadie me saludaría en la calle, nadie me daría la mano, los niños se burlarían de mí y mis contemporáneos me mirarían con lástima pero no por padecer de alguna enfermedad sino por la soledad en la que me hubiera quedado después de tanto pisotear a la gente.

Si yo fuera dictador de seguro que moriría sumido en mis sueños de opio en la soledad más profunda pensando en que todos son unos mal agradecidos y que mi trabajo fue el mejor de todos y que todo lo que hice se justifica ya que siempre tuve la razón aún así no pueda demostrarlo.

Felizmente no soy dictador y ni siquiera se me cruza la cabeza el serlo, felizmente puedo darle la mano a mi vecino aún discrepemos y puedo ver a mis hijos cuando lo requiera, felizmente puedo hablar y escribir con libertad, esa libertad que me permite andar con la frente en alto sin que me aten esas sogas de la imposición ni el peso de las cadenas del pesar por haber obrado impositivamente.

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