La nueva casta de dictadores en Latinoamérica


Desde hace varios años se han venido observando ciertos cambios en la manera de imponer un gobierno en latinoamérica, facciones de derecha y de izquierda han aprendido a utilizar la ley para poder perpetuarse en el poder, así ante eventuales bloqueos de parte de la comunidad internacional sendas dictaduras han comenzado su propceso en varios países de latinoamérica, otras fracasaron pero hay muchas que siguen en su proceso.

El caso Fujimori marca un hito en esta nueva casta de dictadores, si bien es cierto el se “aplicó” un “autogolpe”, luego utilizó una nueva constitución hecha a su medida y validada a través de un referéndum popular, así trató de perpetuarse en el poder sin embargo los cálculos le fallaron y lo que se convertiría en su segundo mandato (según él), terminó por convertirse realmente en un tercer mandato y por consecuencia anti constitucional ya que en el Perú, de acuerdo a la nueva constitución de Fujimori, sólo puede existir una re elección.

Si Fujimori hubiese aceptado que se trataba de una segunda elección entonces hubiera aceptado que dió un golpe de estado en 1992 ya que sólo trataba de contar sus períodos a partir de 1995, pero con videos de corrupción a la vista de todos los ciudadanos peruanos y con un pueblo harto de abusos y de sinvergüenzadas no le quedó otra opción más que la renuncia por fax después de su fuga.

Pero el caso de Fujimori sólo representa una muestra de lo que vendría luego, por coincidencia Vladimiro Montesinos, ex asesor de Fujimori y mano derecha del mismo, fugó hacia Venezuela donde fue capturado, ya en ese entonces Chávez ostentaba el poder en ese País, se supo luego por investigaciones periodísticas que Vladimiro Montesinos tuvo contactos importantes con gente del gobierno de Chávez, una coincidencia que podría servir de base para el consecuente asentamiento de Chávez en el poder.

Chávez fue más cauto en este sentido, sabía que para no ser bloqueado por la comunidad internacional debería someterse a los procesos constitucionales de su País, es así como amparado en una herramienta constitucional como lo es el referéndum modifica legalmente la misma carta magna sentando las bases de consecutivas re elecciones que lo tienen sentado en el poder ya por más de 10 años y lo que es peor le han dado facultades para que pueda gobernar a través de decretos, así, no tiene reparos para, a través de la ley, lanzarse ferozmente en contra de sus adversarios sin importarle pisotear derechos fundamentales como el de la libre expresión.

Al igual que Chávez, Rafael Correa, Evo Morales y Daniel Ortega van por el mismo camino, similares estrategias con similares retóricas hacen pensar que sus objetivos van más allá de querer perpetuarse en el poder sino que caminan hacia la consecusión de una unión de Países en bloque cuya finalidad no será la protección de sus ciudadanos sino la hegemonización de una doctrina que pretende endiosar a Hugo Chávez y dejarlo como líder único tal como lo soño en algún momento Simón Bolívar.

No podemos dejar de nombrar tampoco a Alvaro Uribe y so loca ambición de mantenerse en el poder, sin bien es cierto este Señor no tiene ambiciones “imperialistas” representa intereses externos a los cuales salvaguarda para mantener un equilibrio en la región, Uribe es un buen presidente pero no se puede obviar el tema de la corrupción en Colombia y mucho menos el tema de los para militares que tanto daño le hacen a esa gran nación.

Todos estos gobernantes pertenecen a una nueva casta de dictadores que han sido engolosinados por el poder y han llegado a creerse imprescindibles en sus Países, creen que sin ellos los proyectos exitosos no serán tales y que un eventual cambio sería retroceder, ellos piensan que son lo únicos capaces de sacar adelante un País y no se dan cuenta que sólo terminansiendo un triste remedo de Fidel Castro ó de Pinochet.

Los Países no necesitan caudillos ni dioses, los Países necesitan gente responsable, profesionales a carta cabal que hagan de la política lo noble y bella que es, que esten en política para servir al pueblo y no para servirse de él y que tengan en la democracia a su principal fundamento, la alternatividad en el poder evita la corrupción y evita la aparición de caudillos y de “dioses” y en nuestras manos está el mantener ese preciado sistema.

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