Conversaciones con un viejo guajiro (a propósito de Juanes)


Hoy me ocurrió algo sumamente interesante, tuve el agrado de cruzarme con un cubano aquí en Miami, un cubano de esos guajiros del oriente con un léxico muy amable y con una sabiduría que sólo alguien que bordea los 83 años tiene, debo admitir que antes de esta conversación mi concepto del “exilio” no era de los mejores y que, sinceramente, había perdido las esperanzas de encontrar elocuencia y objetividad en ellos.

La conversación no podía comenzar sin tocar el tema del momento, el tema de moda en Miami, el concierto de Juanes en la Plaza de la Revolución en La Habana, Cuba, el anciano me respondió que estaba de acuerdo con el ya famoso concierto, que el pueblo de Cuba tiene todo el derecho del mundo de asistir y escuchar música que hasta el día de hoy le es casi un sueño, y que los tintes políticos no vienen al caso cuando se trata de darle a ese pueblo un momento de diversión y esparcimiento.

Lo que viene luego es una exposición objetiva de la mal llamada “tragedia” cubana del exilio y una narración de hechos que hasta el día de hoy no había escuchado de boca de algún exiliado aquí en Miami, una narración que no tuvo en ningún momento exaltación alguna ni parcialización o tinte político, fue la narración sabia de un anciano de 83 años desde el punto de vista de un poblador común.

Me contó primero algo de la época del dictador Batista, me contó como era la represión en ese tiempo y como se asesinaba a quienes no estaban con el dictador a diestra y siniestra, fusilamientos llevados a cabo en la misma calle a vista de todo el mundo dejando inclusive los cadáveres en la misma calle, me contó del festín que se daban los seguidores de Batista con los fondos públicos y como la brecha social se había acrecentado casi a niveles insostenibles sirviendo esto como caldo de cultivo para la inevitable revolución Castrista.

Me contó como Castro fue exiliado paradójicamente en este País y en esta ciudad y cómo desde aquí comenzó a recaudar fondos para su revolución, como llegó hasta Nueva York a seguir recaudando los fondos necesarios para derrocar a Batista, me contó como en México luego llegó a formar un pequeño ejército de cubanos exiliados que luego fueron los que ingresaron a la isla y se internaron en la sierra para comenzar su proceso revolucionario en contra del dictador Fulgencio Batista.

Y aquí acotó algo que me pareció interesante, y dijo: …”A Castro le tomó poquísimo tiempo, meses sino para recaudar fondos y formar un ejército de valientes cubanos que liberarían a Cuba de Batista y que acabarían con los abusos de estos…   … cómo es posible que hayan pasado 50 años y aún se sigue hablando de liberar a Cuba de la dictadura de Castro y nadie haga nada aquí?”…  caramba! que triste y paradójica analogía! será acaso que el presupuesto que le asigna el gobierno norteamericano al “exilio” cubano para su lucha por la libertad de Cuba es demasiado apetecible y engolosinante como para dejarlo ir ó, lo que es peor aún, como para exponer la vida.

Recordé en ese momento los millones que son destinados a las agrupaciones del “exilio” que dicen luchar por la libertad de Cuba, recordé a TV Martí, recordé a Pérez Roura y Ninoska, recordé a Lourdes D’Kendall y uno que otro célebre de la radio AM, recordé su lucha… lucha? en fin, asumí que la gente tiene ideales distintos y que para algunos es más importante su propio bienestar así sea a costas del sufrimiento de otros. Recordé también que han pasado 50 años y que a Castro lo vi hace dos noches en la televisión mas repuesto que nunca y sin visos de cambiar. Recordé entonces que los seres humanos cometemos errores, no somos perfectos, pero un error de 50 años? no creo.

Hablamos con el viejo guajiro de Uber Mattos y de su “exilio”, me contó de donde provenía y cuál fue su historia en la revolución, me contó de las riquezas de su padre y de cómo éste lo había ayudado en su lucha por defender “sus ideales”

Pero lo más interesante fue cuando me habló del apoyo de la población a la revolución Castrista, de como la gente de los pueblos del interior de Cuba apoyaban abiertamente esta revolución, claro, como no, si ellos eran los oprimidos por el dictador Batista, me contó también que este “exilio” histórico que se reúne en el mítico Versalles de Miami era el que estaba de la mano con Batista y que muchos de estos reprimieron duramente a un pueblo que clamaba justicia e igualdad de derechos y que Cuba se había convertido en el “burdel” de USA, que muchos de los exiliados manejaban grupos de poder, mafias con poder económico que hacían y deshacían a sus anchas de la mano y con el apoyo abierto de Batista.

Aquí me dijo que Rafael Díaz Balart el padre de los famosos hermanos congresistas Lincoln y Mario era uno de los fuertes en la dictadura de Batista, mi asombro se acrecentaba a pasos agigantados ante la historia de este anciano muy coherente y con mucha objetividad,  y pensar que ahora cuentan con cierto poder político en este País, que irónica es la vida.

Será acaso que este grupo de “exiliados” piensa que Miami es su nueva Cuba y que aquí, como cuentan con poder político y económico, pueden hacer y deshacer a sus anchas y lo que es peor seguir viviendo a costas de una lucha que sólo se da en el papel y que nunca se va a dar ya que ninguno de ellos va a exponer su vida por la Patria que tanto dicen amar pero a la que han dejado en manos de un tirano hace 50 años.

Creo yo que lo mejor que le puede suceder a Cuba después que finalice el régimen dictatorial Castrista es buscar nuevos gobernantes dentro de la isla, dentro de sus disidentes que tienen el valor de enfrentar hasta la muerte con la finalidad de luchar por sus ideales, y que necesitan conciliar su sociedad y encontrar un camino que no los lleve por ninguno de los lados, ni izquierda ni derecha, ellos ya han aprendido que esos dos extremos son malos y que la solución está en ellos mismos.

Pero bueno, para no dejar de lado el tema “Juanes” sólo quiero acotar que quien pierde más con todo esto es el pueblo cubano y que el “exilio” cometió el peor error de su vida, se han excluido solos, se están separando cada vez más del pueblo al que deben de apoyar y de fortalecer moralmente para que puedan iniciar un proceso de cambio, aquí sólo logran continuar con más de los mismo.

Hay sabiduría en el viejo guajiro, hay sabiduría en el pueblo, ellos son los que han sufrido, ellos son los que han vivido, ellos conocen mejor la verdad que cualquier otro y sobretodo, entienden que la exclusión no es lo más conveniente en estos tiempos, que pena, una nación partida en dos, los de allá y los de acá, así sólo gana ese barbón al que tanto odian: el dictador Castro.

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